





UN EJEMPLO DE ARQUITECTURA BARROCA EN NUESTRA CIUDAD
Situada en la plaza de Santa María, en el centro del antiguo recinto de la “Vila Murada”, es el monumento barroco más importante de la zona levantina. Colaboraron en esta monumental obra, que se inició en 1673, con restauraciones de gran importancia hasta los años 1902 y 1939, varios autores de los que citamos a los arquitectos Francisco Verde, Pere Quintana, Joan Fauquet, Marcos Evangelio, etc. Como figura importante y singular destacamos a Nicolás Bussy, escultor y arquitecto que fue quién diseñó y realizó la monumental portada de la fachada principal.
Por su imponente altura la basílica se distingue como un valor importante del centro urbano. Es un punto singular que se contempla desde el campo, y la torre, especialmente, se divisa entre los huertos de palmeras siendo un hito que señala la vida religiosa de la cuidad. La cúpula rematada en azulejería de un tono azul fuerte se distingue también a distancia y renueva en el espectador esa imagen a la que está tan acostumbrado cuando visita la zona de levante y contempla sus iglesias con medias naranjas azuladas
El templo actual comenzó a construirse en 1672 bajo las órdenes de Francesc Verde, al cual sucederán Pere Quintana y Ferrán Fouquet en el cargo de “mestre major” de las obras. Desde 1758, continuará la construcción, con sustanciosas aportaciones, el arquitecto Marcos Evangelio. Las obras acabaron definitivamente en 1784.
Se pueden seguir los distintos estilos, desde el primer intento de superación del estilo desornamentado, hasta el neoclasicismo puro, pasando por el italianizante barroco decorativo de la fachada de La Asunción, en la portada mayor, una de las más hermosas del Barroco, o el Rococó de alguna de las portadas menores. Tanto esta fachada como la de San Agatángelo, son obras del escultor de Estrasburgo, Nicolás de Bussi (1680-1682).
LA PLANTA Y LA CONCEPCIÓN ESPACIAL DE LA BASÍLICA DE SANTA MARÍA
En cuanto a la obra, la iglesia de Santa María se desarrolla en planta de cruz latina con capillas laterales y un crucero corto que es envuelto por una girola que da entrada a su vez a la capilla de la Comunión. A un lado, entre el cuerpo principal de la iglesia y la capilla de la comunión, se emplaza la sacristía y la escalera que da acceso a los corredores superiores. Sobre el crucero de la iglesia se levanta una gran cúpula con pechinas barrocas cuya ornamentación vale destacar y donde figuran los cuatro evangelistas. La cúpula de la capilla de la comunión es también muy interesante y se remata con una linterna que da una luz ambiental bastante intimista. El interior de la nave principal se cubre con bóveda de cañón seguido, la cual se va interrumpiendo en algunos puntos por arcos torales. Esta bóveda tiene una iluminación rasante por lunetos que crean una perspectiva que nos guía la mirada hacia el presbiterio. Allí esta colocado un templete de mármoles de colores, rematado en ángeles, que fue construido en Génova.
LA FACHADA PRINCIPAL
Destaca junto a la puerta principal la torre cuadrada, maciza, que ayuda a equilibrar el frontón de remate de la portada principal. Pero lo verdaderamente importante es la portada principal que está ornamentada con columnas salomónicas y una abigarrada decoración de frutos, cariátides y niños juguetones sobre los que destaca la hornacina dedicada al tema de la Asunción de María. Son también particularmente interesantes las distintas portadas que tiene la iglesia. Aparte de la fachada principal O Portal Mayor, que mira a poniente, está la de San Agatángelo y la del Órgano, al norte, y la de San Juan al sur. También existen unas puertas menores que comunican con el vestíbulo de la sacristía y con la capilla de la comunión.
LA BASÍLICA DE SANTA MARÍA: ESCENARIO DEL MISTERI D’ELX
Convendría destacar que en la iglesia de Santa María de la Asunción tiene lugar cada año la representación de La Festa o Misteri d’ Elx, drama sacro lírico totalmente cantado que se divide en dos actos. El día 14 de agosto se representa la Vespra que se refiere a la muerte de la virgen María, y el día 15, la festa que desarrolla la Ascensión de la Virgen y su coronación por la Santísima Trinidad. El Misteri d’ ElX debe llamarse la Festa, puesto que la palabra Misterio alude a las medievales representaciones que tenían lugar en los atrios e interiores de las iglesias y que desaparecieron con el Concilio de Trento. Es una ópera singular, cuyo texto en verso está escrito en valenciano antiguo. El consueta o libro que contiene la música y el canto se conserva en la cuidad de Elche como una joya de la cultura valenciana. La representación tiene lugar a mediados de agosto y por su tramoya, escenografía y pureza de voces de niños y adultos resulta la manifestación más genuina del arte popular del medioevo español.

El rapto de las hijas de Leucipo (Rubens)
Para seguir con nuestra aproximación a la pintura barroca europea y antes de volver nuestra mirada a España, donde nos aguardan Ribera, Zurbarán, Murillo y el genial Velázquez, aquí os dejo un esquema sobre la escuela flamenca. Rubens es, con diferencia, uno de los artistas, sino el artista, que mejor sintetiza la diversidad de tendencias de la pintura barroca. En su obra tiene cabida todo: desde el tenebrismo naturalista de Caravaggio, pasando por el clasicismo colorista o la rotundidad anatómica de un Miguel Ángel, hasta llegar a la exhuberancia y la opulencia de formas y colores que le son tan características. Frente al pesimismo introspectivo de Rembrandt, el optimismo energético y vitalista del pintor flamenco, que fue en su tiempo mucho más que un pintor. La Bélgica católica y, con ella toda la Europa contrarreformista, se rindió ante este "Homero" de la pintura.





Los esquemas proponen una visión somera de las distintas tendencias de la pintura Barroca europea. Una visión más profunda requerirá la consulta de las presentaciones sobre Caravagio, Rubens (escuela flamenca) y Rembrandt (escuela holandesa), alojadas en slideshare. De España nos ocuparemos más adelante.
Gian Lorenzo Bernini: Éxtasis de Santa Teresa Bernini realizó esta obra tomando el texto de santa Teresa en el sentido místico en el que fue escrito. Su propósito era que el alucinante acontecimiento que la santa narraba, se hiciera evidente de la forma más precisa y real posible, aunque resultara demasiado humana y carnal esta materialización del éxtasis místico. Dice el texto:
"Quiso el Señor que viese aquí algunas veces esta visión: veía un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo en forma corporal, lo que no suela ver sino por maravilla. Aunque muchas veces se me representan ángeles, es sin verlos, sino como la visión pasada, que dije primero. Esta visión quiso el Señor le viese así. No era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos, que parecen todos se abrasan. Deben ser los que llaman querubines, que los nombres no me los dicen; más bien veo que en el cielo hay tanta diferencia de unos ángeles a otros, y de otros a otros, que no lo sabría decir. Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces, y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me hacia dar aquellos quejidos; y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal, sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento".
Veinte años después del grupo de Apolo y Dafne, Bernini plantea un tema semejante, tan antiguo como la tradición de las imágenes: el principio femenino transformado por la intervención del principio masculino. Las dos figuras están colocadas en el espacio con una delicada dislocación: resulta casi imposible de describir el gesto del ángel-sátiro, captado mientras extrae el dardo del cuerpo femenino, que queda suspendido un instante antes de caer de espaldas. El artificio cobra vida ante nuestros ojos. El centro de gravedad de la compleja escultura se desplaza: la santa se halla ligeramente reclinada hacia atrás (con el simbólico pie que sale hacia fuera), y el pequeño sátiro gira hacia la parte anterior del escenario. El "fuego", por supuesto, está en aquel dardo llameante con que el éxtasis nos aparta de lo cotidiano.
La obra fue encargada por el patriarca de Venecia, el cardenal Federico Cornaro, quien quiso construir su capilla fúnebre en el brazo izquierdo del crucero de la pequeña iglesia de los carmelitas, Santa Maria della Vittoria, y que encontramos representado en la capilla junto a otros miembros de la familia.
Con este trabajo Bernini creó los primeros retratos escultóricos de grupo del barroco. El juego dramático entre la mirada y la expresión profundiza la penetración psicológica hasta alcanzar un auténtico discurso de grupo que rivaliza con las composiciones pictóricas coetáneas de Rembrandt y de Frans Hals.
No se trata de una escultura en el sentido convencional, sino que nos encontramos ante una escena pictórica enmarcada por la arquitectura que nos incluye como participantes en una celebración religiosa que quizás no sea tan representada como revelada. Bernini utilizó la pintura, la escultura y la arquitectura, a los que añadió el recurso de la iluminación natural para crear esta alucinante revelación. Creó un espectáculo que sorprende al espectador. Insatisfecho por la limitada capacidad de las figuras aisladas o de los grupos para crear una atmósfera envolvente, Bernini creó en la capilla Cornaro un espacio teatral con una composición activa que dirige nuestra mirada, lo que pone en evidencia el esfuerzo para dotar al conjunto de imágenes de una unidad integradora; y buscando efectos escenográficos lo más reales posible, cubrió la bóveda de la capilla Cornaro con una imagen realista del cielo.
Situados ante este grupo escultórico, si miramos hacia arriba podemos ver la gloria divina; parece como si el cielo penetrara en la iglesia, ya que Bernini hizo construir unas nubes de estuco que cubren parte de la arquitectura y ornamentación de la bóveda, y sobre este estuco realista aparece el Señor de los Angeles, el portador de la llama divina: el querubín que atraviesa el corazón de santa Teresa parece, pues, haber descendido del grupo pictórico.
El grupo está realizado en mármol blanco (aunque el conjunto esté formado por una veintena de mármoles distintos, entre jaspes y mármoles brecha, alabastros y lapislázulis, mármol rojo de Francia y mármol negro de Bélgica). El querubín parece materializarse sobre el sol radiante, que los efectos de luz natural y los rayos dorados escenifican. Santa Teresa está literalmente arrebatada ("Vivo sin vivir en mí / y tan alta vida espero / que muero porque no muero"); víctima frecuente de la levitación mística, aparece sobre una nube de algodón hecha, sin embargo, con mármol. Se inclina hacia atrás al mismo tiempo que parece encorvarse hacia adelante y levitar por la acción de una fuerza sobrenatural. Bajo unos párpados pesados, se revelan unos ojos cegados por la visión mística; los labios entreabiertos, emiten el gemido que ella misma nos cuenta en su vida. Parece, pues, que la acción ya ha sido consumada, que el ángel ha atravesado el corazón con la saeta, y Bernini, con una gran carga sensual, nos muestra el estado de transverberación en el que permanece la santa.
Los ropajes (una masa en forma de cascada que juega con los volúmenes y refleja la agitación del alma) reflejan el movimiento emocional que la experiencia mística ha provocado en la santa. Su mano izquierda cuelga insensible, mientras que sus pies siguen suspendidos en el aire. El cuerpo asexuado del ángel, medio desnudo, está cubierto con una vestimenta que se pega a su cuerpo con formas que, recordando la técnica clásica de los "paños mojados", permiten adivinar su anatomía sin necesidad del desnudo. La dirección de sus ondulaciones destacan la diagonal descendente con la que Bernini señala la entrada de la fuerza divina.
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San Sebastián. Retablo de San Benito. Madera policromada. Alonso Berruguete. Museo Nacional de Escultura de Valladolid. 1526.
Alonso Berruguete, Adoración de los Reyes Magos (1526-32), Valladolid