Un cuaderno de bitácora para navegar por la historia del arte. Cada entrada está relacionada con algunos de los estadios de la creación artística a lo largo de la Historia. Desde la Prehistoria hasta la más rabiosa actualidad. Todo un curso al ritmo pausado del calendario. Para aquellos que consideran que el arte existe porque la vida no es suficiente.

4/28/2015

EL ARTE CONTEMPORÁNEO: UNA INTRODUCCIÓN HISTÓRICA.


MONET . Impresión, soleil sur levant .1872



Introducción (claves):


* Complejidad de este período atravesado por cambios históricos de gran calado como la Revolución Industrial o la Revolución Liberal, que abarcan todo el siglo.
* Cuestionamiento de la esencia de la creación artística: crisis de la concepción tradicional de los estilos artísticos.
* Dos grandes corrientes recorren el siglo: la tradición, encarnada en el arte académico, garante de las esencias históricas de la creación artística; y la vanguardista, cuyo carácter rupturista anuncia el arte del siglo XX.


Algunas referencias cronológicas básicas para no perdernos:
* El siglo arranca, en realidad, en las postrimerías del s. XVIII, cuando estalle la Revolución Francesa (1789 - 1799), y se inicie el largo ciclo de revoluciones liberales (1820, 1830, 148) que transformará radicalmente el mapa político de Europa. Este proceso histórico, que convulsionará a todo el continente europeo, sentará las bases de la Europa de las naciones y el Estado Liberal, consolidando el papel dirigente de la burguesía y enterrando definitivamente el Antiguo Régimen.

* La Revolución Industrial, iniciada en Inglaterra a mediados del s. XVIII, se extenderá de forma progresiva por todo el continente y Norteamérica. Las innovaciones científicas y técnicas, la mecanización de los procesos productivos y la invención de nuevos materiales, será uno de los capítulos esenciales de la aceleración artística que se produce en esta época. Así mismo, las transformaciones sociales que provoca determinarán el desarrollo de una nueva clase social, el proletariado, cuyas condiciones de vida y trabajo, acabarán siendo reflejadas en algunas de las corrientes artísticas de la época.


UNA VISIÓN DE CONJUNTO DE LA CREACIÓN ARTÍSTICA A LO LARGO DEL SIGLO XIX

     La Revolución Industrial y los procesos de transformación económica y social que arrancaron con ella, transformó la sociedad europea del siglo XIX. El crecimiento demográfico y el éxodo rural provocarán a su vez, un gran desarrollo urbano. El rápido crecimiento de las ciudades hará necesario formular un nuevo urbanismo capaz de canalizar la intensa actividad constructiva de esta época. Asistiremos a la búsqueda de una arquitectura adaptada a las necesidades y posibilidades de la nueva sociedad industrial. Paralelamente se recurrió a la recuperación de los estilos del pasado (corriente historicista), a la revalorización de la arquitectura popular (Arts & Crafts) y a la exploración de las posibilidades constructivas de los nuevos materiales (arquitectura del hierro). Como resultado de estos esfuerzos, a finales del siglo XIX, surgieron dos tendencias arquitectónicas que respondían ya a las necesidades estéticas y funcionales de la sociedad contemporánea: el modernismo (Art Nouveau) y la Escuela de Chicago.
Los avances técnicos y científicos del siglo XIX fomentan la confianza en un mundo en continuo progreso. Esta confianza en el futuro favorece la aparición de movimientos que pretendían construir una sociedad más justa (el Socialismo, por ejemplo). Pero el siglo XIX es también el siglo del reiterado fracaso de estos ideales. El ciclo de revoluciones iniciado con la Revolución Francesa (1789) llevó al triunfo de un Estado Liberal muy distinto del que habían soñado los luchadores de la libertad. Las ilusiones de los socialistas utópicos y las esperanzas de la clase obrera se frustran también ante la fortaleza del estado burgués.

    En este contexto histórico de cambios, esperanzas y frustraciones, el arte y los artistas se entregan a una búsqueda de formas nuevas de expresión. Al comenzar el siglo, la nueva clase dirigente, la burguesía, se identificará con el estilo Neoclásico, del que admira el orden racional que en él subyace, frente a los excesos del estilo barroco. Pero la burguesía más progresista, la de talante y aspiraciones democráticas, se inclinará hacia las corrientes románticas, más pasionales. El pensamiento liberal había descubierto al individuo. En su soledad los espíritus encuentran en el espectáculo de la naturaleza el reflejo de sus emociones y sus sentimientos. Aunque las Academias intentarán fijar los criterios del buen gusto, algunos artistas afirmarán su libertad creadora y pondrán al espectador frente a nuevos conceptos estéticos, que sólo algunos genios alcanzarán a expresar cabalmente. La clientela tradicional, la Iglesia y el Estado, ve roto su monopolio con la irrupción de la burguesía y de los marchantes de arte con sus salas de exposiciones. Paradójicamente, con la creciente autonomía creativa de los artistas, se producirá el fenómeno de su progresiva integración en los circuitos del mercado del arte.

    A mediados del siglo, la conciencia de los graves problemas sociales impulsará el desarrollo de la corriente realista. Influido por los ideales positivistas, el realismo trata con despiadada objetividad los temas tradicionales y eleva a categoría artística la vida cotidiana de las clases trabajadoras, ante el escándalo y la incomodidad de las clases dirigentes, más a gusto con las convenciones academicistas y los temas grandielocuentes o históricos. Con esta corriente culmina el largo período durante el cual el arte occidental se ha basado en los principios clásicos de representación forjados y asimilados durante el Quattrocento florentino.

    En el último tercio del siglo algunos artistas romperán con esta tradición y abrirán un proceso de búsqueda de un nuevo lenguaje estético, más acorde con los rápidos cambios que se estaban produciendo en su entorno social. Los impresionistas tratan de hallar el modo de lograr mayor rigor científico inundando el lienzo de diminutas pinceladas de colores puros. En esta época los espíritus más inquietos acuden a París, convertida en la nueva capital artística de Europa. Con su ruptura estética los impresionistas se desligan de las ataduras del pasado y lanzan el reto de lograr una pintura acorde con su tiempo. Este reto, planteado y no resuelto, lo afrontarán los pintores de la siguiente generación conocidos como los Postimpresionistas Sus conquistas serán definitivas. Van Gogh, Gauguin y Cézanne abren los nuevos caminos por los que habrá de desarrollarse la creación pictórica del siglo XX.

   Para aquellos que tengáis interés en darle a esta mirada un cierto fundamento filosófico, podéis leer esta breve pero sabrosa entrada de mi colega y, a pesar de todo amigo, Borja Contreras, en su blog, sobre Nietszche y el arte contemporáneo: NIETZSCHE Y EL ARTE

Se admiten comentarios, aunque sean cruzados y por personas interpuestas.

4/24/2015

PROPUESTA DE COMENTARIO SOBRE ALGUNAS OBRAS DE GOYA

 Los fusilamientos del 3 de mayo

 Carlos IV y su familia

Saturno devorando a sus hijos

   Estimados alumnos, aquí os dejos tres de las obras de Goya que mejor muestran su carácter polimórfico, como nos ha dicho hoy Antonio Saura. Elegid, al menos, dos de ellas y aprovechad vuestro trabajo para profundizar en el conocimiento y comprensión del maestro aragonés, así como en la España de la que fue testigo de cargo.
Un saludo.

El perro semihundido, otra vez


    En la entrada anterior me hacía eco de un artículo publicado en abril de 2012 por Rafael Algullol, en el diario El País, sobre qué pintaría Goya de la España actual, habida cuenta de la mirada que el maestro aragonés proyectó sobre las miserias de la España de su tiempo y que estampó, con magistral y feroz sarcasmo, en sus series de grabados "Los caprichos" y "Los disparates". Aquella España cruel y analfabeta, miserable y orgullosa de sus rancias tradiciones, atosigada por curas fanáticos y aristócratas codiciosos y parásitos, quedó fijada para siempre en aquellas estampas. Por otra parte, los fantasmas interiores que atormentaban al artista, y que tan vinculados estaban a esa España oscura y reaccionaria, recién salida de una guerra cuya crueldad y desvarío también inmortalizó en sus grabados sobre los desastres de la guerra, afloraron en las pinturas negras que el artista realizó sobre las paredes desnudas de su quinta. 
   ¿Qué pintaría hoy Goya de esta España que no deja de provocarnos estupor y asco? ¿Cómo reflejaría el maestro la indignación de un pueblo, el mismo y sufrido pueblo, no tan inocente hoy como ayer, ante tanto despropósito y desvarío? ¿Qué disparates elegiría para denunciar la incuria y la codicia sin freno de tantos? ¿Qué miserias atormentarían su ánimo en la soledad atribulada de la vejez y la sordera, ante la inminencia de la muerte? 
   Yo me sigo quedando sin habla ante ese humilde perro que parece hundirse o asomarse detrás de un terraplén; que mira con horror o con miedo el desolado paisaje que lo aplasta. Es el vacío que lo rodea lo que resulta más inquietante. En esas sombras o manchas que se ven sin conformar figura alguna, podemos entrever el horror o la amenaza, la inminencia de un desastre. Ese perro melindroso y triste, que apenas asoma la cabeza, mira un horizonte desvastado y, a la vez, poblado de amenazas. Su mirada es nuestra mirada; su soledad y desvalimiento es tan elocuente ante ese inmenso vacío ocre que lo envuelve, que nunca ocurre que su suplicante mirada deje de conmoverme e inquietarme. ¿Qué mira ese perro? ¿Qué ve? ¿Se asoma o cae? ¿Se esconde o resbala hacia el abismo?
   En esa cabeza, porque solo es eso, adivinamos, a pesar de las manchas y el trazo grueso, la forma humilde de un ser aterrorizado y suplicante que nos llama desde la blancura inerme de sus ojos. Si esa cabeza desapareciera del muro, apenas quedarían la abstracción pura e inquietante del ocre terroso preñado de manchas o fantasmas. Ese perro es Goya, sin duda. Ese perro es el retrato de un hombre semihundido entre las ruinas de un país desvastado por la ignorancia y la guerra que, en la elocuencia de su silencio, aún se atreve a mirar y que nos interpela desde la soledad de su tiempo ya muerto. 
Ese perro somos nosotros, muchos de nosotros, que ante la ruina moral que hoy muestra la España que vivimos, siempre nos preguntaremos: ¿Qué pintaría hoy el maestro?

4/23/2015

¿Y SI GOYA VIVIERA HOY? (una aproximación goyesca a la España actual)


Rafael Algullol publica hoy en el diario EL PAIS una tribuna en la que reflexiona sobre la mirada que Goya proyectaría hacia la España actual; una interesante manera de conocer mejor a Goya y la importancia del contexto en el que se desenvuelve la vida y la obra del artista.  

Si os interesa:

Diez razones para que Goya pinte de nuevo

Es fácil imaginar una prolífica extensión de sus Caprichos y disparates en la sociedad actual

 http://elpais.com/elpais/2012/04/26/opinion/1335436269_037994.html

Postdata: esto lo escribía en abril del año 2012, PERO COMO NADA HA CAMBIADO en este país, sigue siendo aprovechable. 

 

TODO GOYA EN PPT

Un esquema para tener una completa visión de la obra y evolución estilística de Goya.


Y una PPT:


GOYA EN VÍDEOS




Un completo video para recorrer la obra de Goya y su peripecia vital. Goya, testigo de su época.

Una pequeña joya sobre "El perro semihundido", la obra más fascinante e inquietante de cuantas realizó Goya.

GOYA, LA ENTRADA DEFINITIVA PARA AQUELLOS QUE QUIERAN (Y PUEDAN) PROFUNDIZAR


En el siguiente enlace:




podéis conocer a fondo y de forma exhaustiva toda la obra de Goya. La página, a modo de esposición virtual, está organizada por la Universidad de Zaragoza y la Institución Fernando el Católico de la Excma. Diputación Provincial de Zaragoza para conmemorar el CCL aniversario del nacimiento de Francisco de Goya y Lucientes en la villa de Fuendetodos (Zaragoza, España) en 1746.

FRANCISCO DE GOYA Y LUCIENTE. PANORÁMICA DE SU OBRA Y EVOLUCIÓN ESTILÍSTICA.

APUNTE BIOGRÁFICO  
     Nació en Fuendetodos, Zaragoza; a los catorce años entró a trabajar en el taller de José Luzán, donde comenzó a copiar cuadros de otros autores. Más tarde, tras presentarse al concurso de la Academia de Bellas Artes de San Fernando y marchar a Italia, regresa a España, recibiendo el encargo de pintar los frescos de la basílica del Pilar (Zaragoza). En 1773, se casa con Francisca Bayeu, hemana de dos importantes pintores de la corte, al tiempo que comenzaba su serie de dibujos sobre cartones para tapices. En 1780 con su Cristo Crucificado consigue convertirse en académico de San Fernando, hecho que le permitirá obtener trabajos para iglesias y casas como los duques de Osuna y Medinaceli. Al año siguiente es nombrado pintor de la corte junto a su cuñado, primero de Carlos III y después de Carlos IV, monarcas ambos a los que retrató con frecuencia. El espíritu liberal del pintor sirvió para que Goya cambiara su manera de percibir la vida y con ello se acercara a una mayor madurez.
En 1792, sufre una enfermedad que le deja como secuela la sordera, factor que contribuyó a aislarle y a favorecer su creación de un mundo propio repleto de pesadillas y miedos personales, que se reflejan en su obra, cada vez más tormentosa y oscura. Entre los años 1792 y 1799 realizó la serie de grabados de Los Caprichos, que reflejan muy bien lo expuesto anteriormente. Tras ellos se inició un momento verdaderamente esplendoroso para el artista: pintó los frescos de San Antonio de la Florida, La familia de Carlos IV y las dos Majas. En 1808 sufrió una nueva crisis debido a la Guerra de la Independencia, de este momento serán los cuadros del Fusilamiento del dos de Mayo, los Desastres y La Tauromaquia. Los últimos años los pasó sólo y enfermo en La Quinta del Sordo, cuyas paredes decoró con lo que se conocen como pinturas negras.
En 1823 la situación en España era insufrible para él por la represión que ejercía la monarquía, por lo que decide abandonar el país e instalarse en Francia, donde moriría en 1828. Allí pintó la lechera de Burdeos, una de las más bellas creaciones y un importante punto de referencia para el impresionismo.

Pocos artistas nos muestran tan clara imbricación entre su vida personal y social, y su evolución y maduración artística. La obra de Goya está atravesada y condicionada, en todo momento, por los acontecimientos históricos que se sucedieron a lo largo de su vida. Fue un testigo privilegiado de una época de crisis y cambios. Supo ejercer, desde la pintura, la difícil y arriesgada tarea de criticar los vicios y supersticiones de la sociedad española de su tiempo. Su talante liberal y su sensibilidad social le permitieron ir, no obstante, más allá del mero cronista, pues denunció las calamidades de la guerra o de la opresión de un modo lúcido y amargo, sin concesiones.




EL ESTILO DE GOYA
    La factura de su pincelada es de una libertad total y dominio completo de la materia, aunque con los años tendió a ser amplia, larga, suelta y expresiva. Las texturas van desde el aspecto liso de los cartones hasta el rugoso de las pinturas negras. Dibuja con rapidez, sugiriendo por medio de trazos, o insiste en los contornos por medio de líneas marcadas. Llegó a utilizar gruesos empastes, modelando la pintura a veces con los dedos o la espátula. En sus cuadros son el color y la pasta los elementos dominantes. Pasa de los tonos suaves y luminosos de sus cartones, a obras más contrastadas con colores fuertes; en las pinturas negras su gama se redujo a ocres, negros y marrones, al no color.
Goya empleó procedimientos de composiciones diferentes desde una ordenación geométrica conforme a triángulos, cuadrados, hasta la libertad compositiva, aunque no caótica ya que siempre hay líneas rectoras en la estructura del cuadro.
Centra su atención en la figura humana y el marco ambiental le interesa menos. En sus obras percibimos la vida del pueblo, como elemento político, y la agitación de las masas. Goya representa la verdad, y no se detiene ante lo más horrible: pintó lo bello con delicadeza exquisita, pero supo también destacar lo feo, terrible y monstruos. Cultivó muchos temas: religiosos, populares, retratos,...
Su pintura pasa del idealismo de los cartones al expresionismo de las pinturas negras. Su obra abre las puertas de muchos movimientos del XIX y en parte del XX, anuncia el impresionismo (La lechera de Burdeos), el expresionismo (pinturas negras) y el surrealismo (Los Caprichos).


UNA PANORÁMICA DE SU OBRA
 

LOS CARTONES PARA TAPICES
     Uno de los primeros encargos que recibió Goya en su carrera, fueron los cartones para que con ellos se tejieran tapices en la Real Fábrica. Estas obras son un testimonio de la vida, festejos, distracciones y hábitos del pueblo. En un primer momento no se diferencian de otros pintores, pero poco a poco comienzan a separarse y a distinguirse. Sus protagonistas son majas, niños, vendedores ambulantes, que bailan y se divierten: Merienda a la orilla del Manzanares, El Quitasol, El Pelele, etc.
Goya tuvo problemas con los tapiceros, pues el primero no comprendía que fueran cuadros sin más, sino para utilizarlos de referente en la confección de tapices, con todas las dificultades que ellos comportaba, por lo que abandonaría durante bastante tiempo la confección de los mismos. Sus temas preferidos se extraen de la naturaleza: La Vendimia, la Nevada, la Florera, etc. En estas obras encontramos a un Goya colorista y luminoso, de tonos amables y colores cálidos, fiel reflejo del optimismo vital de que caracterizaba esta época de su vida.
 
OBRA DE TEMATICA RELIGIOSA
     No sobresale en este campo, pero posee bellas creaciones como El Cristo crucificado, que guarda gran parecido con el de Velázquez; un cuadro de dibujo académico, carente de emoción.
Las pinturas para la cúpula de la Basílica del Pilar y la ermita de San Antonio de la Florida en Madrid revelan la gran seguridad técnica con la que se movía el artista.


EL RETRATO Y LA HISTORIA    Al mismo tiempo que pintaba cartones para tapices se le encargaron algunos retratos. Goya fue en este campo un pintor de habilidad excepcional a la hora de plasmar la personalidad del modelo y la situación social. Es uno de los pintores que mejor supo captar las transparencias, la ligereza de los tejidos y su volumen.
En los retratos de monarquía se muestra muy crítico. Pintó a Carlos III cazador. Hizo lo mismo con Carlos IV y su esposa. Goya está en cualquier caso lejos de la idealización y muestra la antipatía que algunos personajes le inspiraban.
En La familia de Carlos IV (1800-18001), se autorretratara el mismo, como lo hiciera Velázquez, en lo que es un claro tributo al maestro sevillano. En esta obra, de factura genial aunque de composición sencilla, la familia real es retratada como si se tratara de una instantánea fotográfica. Sobre un fondo sobre el que cuelgan dos enormes lienzos se sitúa el plano en el que aparece la familia real. La riqueza cromática de esta obra es excepcional. Al contrario que los modelos neoclásicos, aquí todo es una explosión de colores, dorados, azules y rojos de vivos contrates. La familia real aparece haciendo ostentación de su lujosa riqueza. Sin renunciar a la fidelidad de los rasgos físicos, Goya penetra en los rasgos psicológicos de los rostros de los personajes.
Los Retratos de la nobleza y a la burguesía fueron numerosos: Los Duques de Osuna y sus hijos, La condesa de Chinchón, La duquesa de Alba, La marquesa de Villafranca, etc. Las Majas son obras polémicas, pues no se sabe a quien representan, aunque algunos estudiosos sostienen que se trata de la duquesa de Alba, cosa improbable dado el estatus de esta aristócrata y las implicaciones que tenía el desnudo en aquella época.

La pintura de género histórico
     La Guerra de la Independencia fue uno de los hechos que más impactaron en Goya. La Guerra era interpretada por él como una sinrazón y se sintió traicionado, en gran medida por las ideas que defendió, puesto que Goya fue un afrancesado, defensor del pensamiento ilustrado que veía cómo los propios franceses eran incoherentes con las ideas de libertad que decían defender.
El Coloso es una de esas obras en las que refleja la premonición de la guerra (un pueblo que huye despavorido ante la presencia de un gigante), anticipando el horror que después mostrará en las pinturas negras. Finalizada la guerra y restablecido Fernando VII en el trono, Goya debió defender su patriotismo, severamente cuestionado por su simpatía hacia los franceses. Pintó, a instancias del ayuntamiento de Madrid, los dos grandes lienzos sobre la guerra de Independencia. En ellos Goya quiso dejar constancia de lo sucedido en Madrid el dos y el tres de Mayo, en la Carga de los Mamelucos y los Fusilamientos de la Montaña del Príncipe Pío.




LAS PINTURAS NEGRAS Y EL GRABADO
 

  Las Pinturas negras fueron pintadas por Goya en 1819 en la casa que compró cerca del Manzanares, conocida como la Quinta del Sordo. En este momento de su vida, la sordera le había llevado a encerrarse en sí mismo creando un mundo personal, desesperanzado, sombrío y sórdido.
Los colores que emplea ahora son el negro, el marrón, los verdes muy oscuros y algún tono rojizo. El dolor y la muerte son temas predominantes. En este sentido se consideran el antecedente del Expresionismo por su recurrencia a la deformación como mecanismo de expresión.
De este momento es el Duelo a Garrotazos (la obra alude a la ignorancia del hombre empeñado en autodestruirse). El Aquelarre es una crítica a la superchería y a la irracionalidad que tanto arraigo tuvieron en España.
En España no existía, hasta la llegada de Goya, una gran tradición en la técnica del grabado al aguafuerte. Los grabados realizados por Goya se agrupan en cuatro series:

-Los Desastres de la Guerra: representa con crudeza las barbaries de la misma.
-La Tauromaquia: Se interesa por la fiesta nacional, a la que era un gran aficionado.
-Los Disparates y Los Caprichos: constituyen una dura crítica a la superstición, la maldad y a la opresión en general, siendo un claro reflejo crítico de la sociedad de su tiempo.

Tras su exilio en Burdeos (Francia), Goya seguirá pintando. Su última obra es La lechera de Burdeos, pintura que es un punto de referencia vital para los impresionistas, por la pincelada suelta. En esta obra los colores primarios están destinados a fundirse en la retina del espectador.




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