Ya hemos (bueno, habéis) hecho el examen sobre el arte del Renacimiento... supongo que habréis descansado un poco (no demasiado, ya que supongo que aún tenéis que lidiar con algún examen más...) y que, tal vez, buscando un locus amoenus os dejéis caer por aquí. Si así fuera, agarraos bien a la silla pues, por todos los dioses!, la piedra se ha hecho carne!
¿Quién es este mago? ¿De qué obra es este carnoso recorte? ¿Qué o a quién representa? Anda, date una vuelta y comenta las características estilísticas de esta poderosa obra.
Así es, escasos merodeadores de esta apasionante obra. Bernini demostró, a pesar de su juventud, una extraordinaria capacidad técnica. Había aprendido ya lo suficiente de las obras y el espíritu del maestro Miguel Ángel; como él, también era capaz de convertir el frío mármol en palpitante piel, tendones, venas... pero llegó más lejos que el florentino. Lo que en Miguel Ángel era contención y mesura, en Bernini estalla en todas las direcciones como una granada. Si Miguel Ángel expresa la rabia, la ira o la tensión oprimiendo nuestra mirada con la energía contenida de sus gigantes (David, Moisés), Bernini despliega esa misma energía y la hace vibrar ante nosotros. El movimiento de los cuerpos se convierte, en él, en coreografía de los sentimientos, los afecti; en inmenso y teatral despliegue de emociones, gestos, calidades táctiles... la potencia convertida en acto, la captación de un instante fugaz pero intenso, que atrapa nuestro sentidos. En esta obra se sintetizan siglos de evolución escultórica: la perfección anatómica del clasicismo, tanto el antiguo como el renacentista, y el phatos del helenismo, de la mano de esta agitada composición serpertina, de clara inspiración manierista.
Los ideales que habían fundamentado el Renacimiento están en crisis, la vieja Europa está cambiando... y, como otras veces, esta mudanza de los tiempos también se refleja en el arte que, de forma tal vez no deliberada, se convierte en el espejo de un mundo en ebullición. No dejéis de admirar esta conmovedora obra: la bella y la bestia, el viejo mito reinterpretado con cincel exquisito por este otro genio de la escultura que fue Bernini.
Los ideales que habían fundamentado el Renacimiento están en crisis, la vieja Europa está cambiando... y, como otras veces, esta mudanza de los tiempos también se refleja en el arte que, de forma tal vez no deliberada, se convierte en el espejo de un mundo en ebullición. No dejéis de admirar esta conmovedora obra: la bella y la bestia, el viejo mito reinterpretado con cincel exquisito por este otro genio de la escultura que fue Bernini.








