Giovanni Arnolfini y su esposa o El matrimonio Arnolfini
| Jan Van Eyck, 1434. Óleo sobre tabla. 82 cm. x 60 cm. | ||
| Natinal Gallery de Londres, Gran Bretaña | ||
| Escuela de los Primitivos Flamencos (estilo gótico) | ||
Demuestra que las vacaciones de navidad no han mermado tu curiosidad e ingenio y recorre, de nuevo, los caminos que te llevarán hasta ellos. Descubriras todo un mundo de sutilezas simbólicas y, sobre todo, la espectacular riqueza del color. Ánimo artenautas!
Esta vez parece que os habéis animado casi todos! En efecto, no era complicado identificar esta pintura sobre tabla que representa a la pareja Arnolfini. Cualquiera que haya contemplado de cerca esta obra en la National Gallery o, en su defecto, en las múltiples reproducciones de gran calidad que abundan en la red, se habrá maravillado ante tan extraordinaria voluntad de "representar y contener el mundo" que caracteriza a los maestros flamencos de esta época y, en especial, a quien se considera uno de sus más dignos ejemplos: Jan Van Eyck.
Representa la tabla una escena en apariencia cotidiana y muy realista; nada más lejos de la realidad. El dormitorio, estancia que contine el lecho matrimonial, es el espacio donde se recrea, mediante una variada cantidad de objetos de significado simbólico, la naturaleza sagrada, además de humana, del sacramento del matrimonio entre los esposos, que aparecen retratados de manera veraz. La escena representa, por tanto, el momento en el que los esposos establecen el contrato que los vinculará para la procreación y la perpetuación del patrimonio familiar. La imagen, despojada de elementos religiosos evidentes en un primer momento, aparece como un documento civil, el acta de un notario, el pintor, que da fe de lo que allí se está haciendo (Jan Van Eyck fuit hic, el espejo que hay al fondo de a habitación y que contiene el reverso de la escena y, al mismo tiempo, al pintor que "documenta" ese momento). Conviene que nuestra mirada se pasee reposadamente por cada uno de los rincones de la estancia de los esposos Arnolfini, que deguste el extraordinario detallismo con el que el pintor ha reproducido, casi fotograficamente, los objetos. Llamará nuestra atención la viveza y untuosidad de los colores; la delicadeza del gesto de los esposos, la tierna entrega de la mujer (¿embarazada? ¿promesa de maternidad? ¿razón de ser del matrimonio?), el gesto firme y varonil del hombre que domina la escena. La silenciosa serenidad que todo lo impregna, reflejo del orden burgués y de la vida confortable que aguarda al matrimonio, tamizada por la luz que entra a través de la ventana. La intensidad y riqueza cromática es la consecuencia natural del empleo de la técnica del óleo, la gran aportación de la escuela de los primitivos flamencos a la pintura de la época. Las veladuras y la delicadeza con la que el pincel se desliza por la tabla, la calidad casi microscópica de la pincelada, el consumado detallismo, el brillo... todo llega a nuestra mirada para conducirnos a esa estancia que aspira a contener el mundo, que lo representa y dignifica. Y el pequeño perro que nos mira y asiste, fiel, a la escena. La filedidad, pilar angular del matrimonio y de la legitimidad de los hijos, aparece en sus ojillos vivaces y juguetones, invitándonos a participar de este instante transcendental detenido en el tiempo y constreñido en el espacio.
Que ustedes la disfruten.