E.Delacroix: La libertad guiando al pueblo
1830. 260 x 325 cm . Óleo sobre lienzo.
Musée du Louvre, París.
Ya se acerca el final, así que habrá que darse prisa si queremos comprender la naturaleza del arte contemporáneo. Para empezar, un joven que avanza sobre una montaña de cadáveres, en medio de la polvareda creada por las descargas de fusilería y las bombas de los cañones... ¿Qué ciudad? ¿Qué revolución es ésta? ¿Quién la pintó para la posteridad? ¿Cuáles son sus rasgos estilísticos?
El 28 de julio de 1830 los revolucionarios liberales franceses
derrocaban al rey Carlos X y provocaban la coronación de Luis Felipe de
Orleans, el llamado Rey Burgués o Felipe Egalitè. Este episodio será el protagonista del
cuadro más famoso de Delacroix, la Libertad guiando al pueblo, obra con
cierta dosis de alegoría que recoge un hecho contemporáneo. La mujer que
representa a la Libertad aparece con el torso desnudo, porta en su mano
derecha la bandera tricolor y en la izquierda un rifle. Le acompañan
miembros de las diferentes clases sociales - un obrero con una espada,
un burgués con sombrero de copa portando una escopeta, un adolescente
con dos pistolas, etc. - para manifestar que en el proceso
revolucionario ha existido amplia participación. A los pies de la
Libertad, un moribundo la mira fijamente para señalar que ha merecido la
pena luchar. Con esta obra, Delacroix pone de manifiesto su ideología y
su faceta de pintor de su tiempo. La composición se inscribe en una
pirámide cuya base son los cadáveres que han caído en la lucha contra la
tiranía, cadáveres iluminados para acentuar su importancia. La vorágine
de la batalla se manifiesta en la polvareda que difumina los contornos e
impide contemplar con claridad el grupo de figuras que se sitúa tras la
Libertad. Los escorzos y el movimiento de la imagen vuelven a recordar
el Barroco,
igual que en la Matanza de Quíos o la Muerte de Sardanápalo. Fue
presentado al Salón de 1831 y adquirido por Luis Felipe para el Museo
Real.
Fuente: ARTEHISTORIA.
O esta otra referencia: ART EN LÍNIA
Para Delacroix, maestro de la "escuela romántica", la historia no es
ejemplo ni guía de los actos humanos; es un drama que empezó con la
humanidad y perdura hasta el presente. La historia contemporánea es
lucha política por la libertad. "La libertad guando al pueblo" es el
primer cuadro político en la historia de la pintura moderna: exalta la
insurrección que, en julio de 1830, acabó con el terror blanco de la
restaurada monarquía borbónica. En unas líneas dirigidas a su hermano el
mes de octubre de aquel mismo año, Delacroix escribía: "He empezado un tema moderno, una barricada[...] y si no he luchado por la patria por lo menos pintaré para ella".
Aunque la frase deja entrever una cierta justificación ante su
pasividad hacia los acontecimientos políticos de su país, con La
libertad guiando al pueblo dará testimonio de su adhesión a los ideales
de libertad y justicia de aquellos años.
La política de Delacroix y, en general, la de los románticos, no es
clara. Revolucionario en 1830, Delacroix se muestra
contrarrevolucionario en 1848, cuando la clase obrera se levanta contra
la burguesía capitalista que la explota. Como todos los románticos se
declara antiburgués; de hecho, arremete sólo contra la pequeña burguesía
por su cortedad de miras, su mediocre cultura, su mal gusto, y su amor a
la vida reposada; mientras tanto, frecuenta los salones y disfruta de
los favores de les altas finanzas burguesas.
En el cuadro que exalta aquellos días de julio hay un entusiasmo sincero
y un significado político ambiguo. Para Delacroix y, en general, para
todos los románticos, la libertad es la independencia nacional. En este
cuadro, la mujer que lleva la bandera es, a la vez, la Libertad y
Francia. Y quién lucha por la libertad?. Gente del pueblo e
intelectuales burgueses; en nombre de la Libertad-Patria se sella la
unión sagrada de los descamisados del pueblo con los señores del
sombrero de copa.
No es un cuadro histórico, no representa un hecho ni una situación. No
es un cuadro alegórico; de alegórico sólo tiene la figura de la
Libertad-Patria. Es un cuadro realista que culmina con un colofón
retórico (como a menuda ocurre con la prosa de Victor Hugo). Incluso la
figura alegórica es una mezcla de realismo y retórica, una figura
"ideal" que, para esta ocasión, se ha vestido con los harapos de la
gente del pueblo y que, en vez de la espada simbólica, empuña un fusil
reglamentario.
Respecto a su composición es fácil remontarse a la fuente: "La balsa de
la Medusa" de Géricault. Al igual que el la balsa, el plano de base es
inestable, hecho de vigas sueltas (la barricada); y desde esta
inestabilidad nace y se desarrolla "in crescendo" el movimiento de la
composición. Al igual que en la balsa, las figuras forman una masa que
sube, que culmina en una figura que agita algo, en Géricault un trapo,
aquí una bandera. Al igual que en la balsa, en primer término están los
muertos caídos hacia atrás; coinciden, incluso, en algunos detalles
atrozmente realistas: el pubis al descubierto de un cadáver, un calcetín
caído de otro... Es también idéntica la manera de sostener y subrayar
el gesto culminante, acompañándole, a derecha y a izquierda, con el
brazo levantado de dos figuras.
Analizadas las analogías, pasemos a las diferencias: Delacroix invierte
el esquema compositivo de la balsa. Invierte la posición de los dos
muertos del primer plano y también la dirección del movimiento de las
masas, que en la balsa va de delante hacia atrás, y n la libertad vienen
hacia delante. ¿Por qué este cambio en la dirección del movimiento? Esta
inversión hace desaparecer todo lo que había de clásico en el cuadro de
Géricault: ya no existe el luminismo de Caravaggio sobre los cuerpos
muy modelados, casi como si fuesen de bronce, sino un perfilamiento de
las figuras a contraluz sobre el fondo encendido y humeante; ya no
encontramos la unión de los cuerpos entrelazados sino un aislamiento de
las figuras principales. Y de la dureza ofensiva de las notas realistas
no se sube a una solemnidad clásica, sino que se desciende a la
caracterización social de las figuras para demostrar que niños, jóvenes,
adultos, obreros, campesinos, intelectuales, soldados legitimistas y
rebeldes son parte del pueblo y que a todos hermana la bandera tricolor.
En la luz que abraza la escena, la luz hiere las formas a través de
caminos diversos e inesperados, crea aureolas y difuminaciones que
aumentan la sugestión emotiva.
Está claro que Delacroix no copió el esquema compositivo de Géricault
por pereza mental, sino por la necesidad de corregirlo, Sentía que aquel
esquema, a pesar de la novedad, conducía al pasado, al ideal clásico.
Conservando su estructura, pero invirtiéndola, obligándola a servir de
esqueleto a un lenguaje distinto, explícitamente moderno, imprime a la
pintura francesa un impulso que la hace cambiar definitivamente de
orientación.
Es precisamente con el romanticismo de Delacroix cuando el arte deja de
orientarse hacia lo que es antiguo y empieza a proponerse el hecho de
ser de su tiempo.
Bibliografía
Argan, Giulio Carlo, (1975), El arte moderno.(Valencia: Fernando Torres ed., vol. I, pàg. 53-61
Clark, K. (1990), La rebelión romántica. Madrid. Alianza ed. Col. AF 93
DD.AA. (1963), Centenaire d'Eugène Delacroix. Catàleg de l'Exposició celebrada a la Grande Galerie del Museu del Louvre. Ministère d'État Affaires Culturelles. París
Honour, H. (1994), El romanticismo. Madrid. Alianza. Col. AF 20