Un cuaderno de bitácora para navegar por la historia del arte. Cada entrada está relacionada con algunos de los estadios de la creación artística a lo largo de la Historia. Desde la Prehistoria hasta la más rabiosa actualidad. Todo un curso al ritmo pausado del calendario. Para aquellos que consideran que el arte existe porque la vida no es suficiente.

1/20/2020

EL URBANISMO RENACENTISTA


    
Plano de la ciudad de Sforzinda, de Filarete. Utopía urbanística del renacimiento.

EL URBANISMO RENACENTISTA

Lo que hemos llamado Renacimiento implica, como ya sabéis, una vuelta a los ideales y valores de la antigüedad Clásica, a la que se considera paradigma de la perfección y del buen hacer artístico. Estos valores son una novedad en el s. XV, pero no tanto, pues desde el s. XIV, el humanismo se fue abriendo camino, aunque sin relegar a Dios del centro indiscutible del Universo. La cultura antropocéntrica que se va difundiendo en esta época supone, entre otras cosas, desplazar a Dios a un segundo plano, sin desecharlo, pues no podemos olvidar que no se trata de recuperar el paganismo antiguo sino de reinterpretar el legado clásico desde una perspectiva cristiana y humanista. 
   Es en este nuevo contexto donde el urbanismo, esa disciplina que trata de ordenar y entender el desarrollo de la ciudad desde criterios racionales, cobra interés. Las ciudades medievales habían sido organismos que se habían desarrollado sin un plan previo, de forma irregular y caótica. Los grandes hitos arquitectónicos, como los palacios o las catedrales, sobresalían en la trama urbana, pero no organizaban su desarrollo más allá de algunos espacios abiertos, las plazas, a cuyo alrededor se apiñaban las demás construcciones. Ahora asistiremos a un regreso, como en casi todo lo demás, a los ideales urbanísticos que habían inspirado los modelos greco-helenísticos (el plano hipodámico) y romanos (el castrum). Se vuelve, o se intenta, aplicar el racionalismo y su expresión geométrica en los nuevos modelos de ciudad que se crean o imaginan, pues apenas se construyen ciudades nuevas, se trata más bien de proyectos ideales, casi utópicos. El gran referente será el arquitecto romano Vitrubio, que postulaba que la ciudad debía ser octogonal para hacer frente a los 8 vientos dominantes. Siguiendo este esquema, los pensadores de la época diseñan sus ciudades ideales. La arquitectura, como veremos, sí se verá muy influida por la reinterpretación de los modelos clásicos, pero no tanto en el urbanismo, pues la peste negra del s. XIV, había casi vaciado las ciudades. El urbanismo renacentista no nace, pues, para dar respuesta a las necesidades de expansión de la ciudad, sino como una extensión de los ideales clasicistas que cimentan el Renacimiento como proceso o etapa histórica y cultural.

Características generales del urbanismo renacentista:
  
  1. Regularidad: las ciudades tienden a formas que recuerdan la circunferencia (estrella, octógono o circunferencia) y sus calles o son ortogonales o tienden al radiocentrismo. Se intenta mantener la regularidad en la altura de los edificios.
  1. Preocupación defensiva: aparecen nuevas armas de artillería, las murallas deben ser más fuertes para resistir los ataques.
  1. Esteticismo: la belleza como elemento constructivo. En este campo se desarrollará una importante arquitectura paisajística que tratará de combinar e integrar construcciones y naturaleza.
  1. Higiene: las ciudades que se proyectan han de mejorar la salubridad urbana. 
  1. Orden: cada cosa está en su sitio. Las leproserías y edificios que desprenden olores se sitúan en la zona por donde sale el aire de la ciudad. La ciudad se construye en octógono para refugiarse de los ocho vientos dominantes. Cada barrio se dedica a una cosa.
  1. Calles: alineaciones rectas, ortogonales. No son un mero lugar de tránsito, sino un lugar donde contemplar los edificios. El espacio urbano se concibe, en cierta forma, como escenografía para la contemplación de los bellos edificios que se levantan, respetando la perspectiva y facilitando su disfrute estético.
  1. Plazas: para reunión y contemplación de edificios. La plaza recuerda el antiguo foro o ágora; sigue siendo, en las ciudades, el espacio donde se concentra y se hace visible la vida ciudadana.

Se construyen pocas ciudades, pero las que se hacen son por:

Ø  Razones militares: la más representativa es Palmanova, en Italia, con forma de estrella.
Ø      Razones religiosas: creadas por protestantes.
Ø      Accidentes naturales que tiran viejas ciudades: Sicilia.

    Dado el escaso número de nuevas ciudades, la mayoría de las obras son de acondicionamiento de partes de la ciudad: construcción de palacios, iglesias, etc., que conllevan la demolición de edificios antiguos. Las ideas renacentistas postulan calles rectilíneas y con una arquitectura uniforme, con grandes plazas y conjuntos monumentales. La ciudad renacentista, en consecuencia, sigue siendo la ciudad medieval, pero con pequeños cambios superficiales impulsados por las élites burguesas, eclesiásticas y aristocráticas. No obstante lo anterior, estos proyectos de ciudad ideal, como el citado de Sforzinda, ejercerán una gran influencia cuando en el  s. XIX, en el marco de la expansión urbana que se da durante la Revolución Industrial, se desarrolle el urbanismo contemporáneo y éste deba atender a las nuevas necesidades de una población en crecimiento y de unas ciudades que desbordan sus límites históricos, generando nuevos problemas y exigiendo nuevas soluciones que, en algunos casos, toman como referencia los modelos renacentistas.


Esta entrada aprovecha información del siguiente sitio:
http://apuntesurbanismo.blogspot.com.es/



Palmanova

1/16/2020

UN PASEO POR LA FLORENCIA DEL PRIMER RENACIMIENTO

Un hermoso video para aproximarnos al primer Renacimiento, visitando la ciudad de Florecia y conociendo sus tesoros artísticos. Brunelleschi, Masacio, Donatello, Miguel Ángel..y muchos más artistas, desfilan ante nosotros en este deslumbrante paseo por la ciudad del Arno. Que lo disfrutéis.

EL RENACIMIENTO: INTRODUCCIÓN HISTÓRICA

Vista de la ciudad de Florencia



EL ARTE DEL RENACIMIENTO


En torno a la palabra “Renacimiento”
   Renacimiento es una palabra que generalmente se entiende, pero poca gente podría definirla con exactitud. Por lo general se admite que este período se inicia en Italia antes que en ningún otro sitio, en el s. XV o en algún momento del s. XIV quizá tan pronto como con Giotto (muerto en 1337), y que concluye en el siglo XVI, entre las muertes de Rafael (1520) y la de Tintoretto (1594). La palabra, obviamente, significa “nuevo nacimiento”, y no hay duda de que los italianos de esos siglos consideraron su época como la más preeminente desde la caída del Imperio Romano, y en esta opinión ha abundado la posteridad. Esta idea de un nuevo nacimiento de las artes y las letras, tras mil años de letargo, es genuinamente italiana como puede comprobarse fácilmente en el siguiente fragmento de una carta de Marsilio Ficino a Paul de Middelburg en 1492, en la que dice:

“Este siglo, como una edad de oro, ha vuelto a iluminar las artes liberales que casi se habían extinguido: gramática, poesía, retórica, pintura, escultura, arquitectura, música, la antigua melodía de la lira órfica, y todo a la vez en Florencia. Alcanzando lo que apreciaban los antiguos, pero olvidado desde entonces, esta época ha unido la sabiduría con la elocuencia, la prudencia con el arte de la guerra, y esto es patente en Federico, duque de Urbino, como si hubiera sido ungido por la misma Pallas. Entre vosotros también, mi querido Paul, este siglo muestra el perfeccionamiento de la astronomía y, en Florencia, la enseñanza platónica ha surgido a la luz desde la sombra (…)”


   Esta carta, leída con detenimiento, nos muestra los tres grandes ejes sobre los que se fundamenta y desarrollará el Renacimiento, que son: un extraordinario florecimiento cultural; un esfuerzo consciente por recuperar los valores formales y espirituales de la Antigüedad clásica, aspirando a una síntesis que re-crease la civilización grecorromana y la civilización cristiana; y la renovación del pensamiento teológico y filosófico a través del redescubrimiento de la filosofía de Platón (idealismo platónico) y del Humanismo.

   El Renacimiento que se produjo en la Italia del s. XV no fue el primero, ni tampoco aquélla fue la primera vez que los artistas miraron hacia atrás y aprovecharon las enseñanzas del arte clásico. Pero sí era la primera vez que, al hacerlo, tuvieron conciencia de estar inaugurando una nueva época, de que habían roto decididamente con el pasado inmediato y de que siguiendo los modelos antiguos, estaban rescatando el arte de la imparable decadencia en la que se había visto sumido durante los siglos precedentes. Para ellos los últimos diez siglos de la historia eran, simplemente, la media aetas, el medium aevum, lo que estaba en medio, esa época oscura que separaba el presente de la venerada antigüedad romana que pretendían resucitar. Ese anhelo de recuperar la Antigüedad encerraba, ya desde Petrarca, un profundo sentimiento de frustración: Italia, que en el pasado había dominado el mundo entero se veía reducida a una mera suma de pequeñas ciudades-estado desunidas entre sí y sometidas a la autoridad de un Imperio que seguía siendo romano, pero también germánico. Y encerraba, así mismo, una decidida voluntad de regeneración política: recuperando la lengua, las instituciones y las costumbres de la vieja Roma podrían hacer revivir el antiguo esplendor de aquella tierra.
    Pero no fue solo un sentimiento de este tipo la causa de que los artistas volvieran sus ojos al arte clásico. Había otra razón igual de importante, o aún más: el arte clásico les ofrecía un camino seguro para lograr esa imagen real del mundo que suponía el reto principal al que se estaba enfrentando el arte siglo XV.
 

CONDICIONANTES HISTÓRICOS
  Hay un acontecimiento histórico que marca esta época: la caída de Constantinopla, la antigua capital bizantina, en manos de los turcos (1453). Este hecho provoca, a su vez, que se produzca el cierre de las grandes rutas comerciales que comunicaban a Europa con Oriente a través de Asia, y la llegada a occidente de pensadores y científicos huidos de Constantinopla. Cerrado el Mediterráneo oriental por los turcos, los comerciantes y marinos occidentales buscarán una alternativa marítima; primero intentarán bordear el continente africano para llegar a las Indias, después Colón, como es sabido, descubrirá en 1492 el continente americano. Este hecho impulsará definitivamente el empuje económico de Europa occidental a lo largo de los siglos siguientes. La ampliación del mundo conocido es el acta de nacimiento de mundo moderno. Ya durante la Baja Edad Media es apreciable el proceso de fortalecimiento del poder real en detrimento de la nobleza; así como el auge político de la burguesía ciudadana representada en las Cortes. El poder del príncipe y el fortalecimiento del Estado contribuyen al desarrollo de la sociedad civil, aunque la Iglesia y la religión católica no perderán su condición privilegiada. Pero para entonces el Renacimiento ya estaba en marcha en algunas ciudades italianas.
   En Italia las cosas habían sido distintas durante gran parte de la Edad Media. Ya hemos visto la poca huella que los estilos medievales cristianos (románico, gótico) habían dejado en su sensibilidad, y cómo se había mantenido un repertorio de formas cuya raíz evidente era el clasicismo. El Trecento italiano, con Giotto a la cabeza, supone ya un claro precedente de la renovación artística que culmina en el Renacimiento. Los caminos que este pintor abre para la pintura en particular y para el arte, en general, son de una gran trascendencia, como ya hemos visto en el tema anterior. Además, las Repúblicas y Estados italianos ya en el siglo XV, preceden a Europa en la economía organizada. Sus relaciones mercantiles entre Europa y oriente, y su banca cada vez mejor estructurada, la hacen alcanzar una modernidad económica y una estructura social mucho más avanzada y dinámica. La prosperidad económica y la existencia de una poderosa burguesía repercutirá de forma significativa en esta expansión artística. Es Italia la que mejor ofrecerá una alternativa al agotado vocabulario de formas que Europa necesitaba para superar el vacío del último gótico (flamígero). Europa acogerá, en mayor o menor medida, el nuevo estilo. Pero nadie discutirá la primacía de Italia en el desarrollo de las Artes. Y es que el Renacimiento es, ante todo, un movimiento italiano.

El retorno a la medida humana   

   Al humanismo emotivo del s. XIII (franciscano) viene a sustituirle un humanismo racional. En las universidades se leen los clásicos en griego o en latín, se discuten postulados teológicos y se duda de los dogmas. La imprenta permite la divulgación de la cultura escrita y la brújula permite la ampliación de horizontes y la conquista del mundo.
   Por primera vez desde la Antigüedad, el hombre se siente centro del Universo (Antropocentrismo) y reclamará un lenguaje a su medida. En el gótico las dimensiones del edificio poseen al hombre, lo elevan o lo distienden, pero en el Renacimiento será el hombre quien domine el edificio, gracias a sus proporciones creadas por artistas que razonan según métodos y procesos humanos. El equilibrio entre las dimensiones de la planta y la altura responden a una exigencia humana, según la cual no deben preponderar las dimensiones verticales sobre las horizontales. Frente al teocentrismo medieval, se abre paso el antropocentrismo de raíces clásicas.
   El hombre es tridimensional, pero se relaciona con las cosas preferentemente sobre el plano horizontal. La contemplación del horizonte es afín a la biología humana, pero la observación de una aguja gótica requiere de un mayor esfuerzo, que se traduce en desazón. En el primer Renacimiento la arquitectura logra encontrar la medida del hombre al establecer proporciones sencillas, ceñidas a una geometría simple y comprensible. Es la misma medida humana que el hombre griego había sabido encontrar para sus espacios exteriores, pero que ahora encontraremos en los espacios interiores.
    La figura clave para comprender el Renacimiento nos la da el humanista. Este hombre culto, versado en la Antigüedad, que lee en latín y en griego, que discute sobre Platón o sobre Aristóteles y que conoce las más avanzadas teorías sobre Geografía y Cosmología es, además poeta y un gran dilettante. En el siglo XV era posible reunir en una biblioteca la mayor parte de los libros editados por la imprenta, que es tanto como decir toda la cultura escrita de su tiempo.
    En las cortes renacentistas, deseosas de abrirse a un mundo nuevo, estos hombres son reclamados con veneración. Y en manos de ellos está el progreso del pensamiento y de la cultura y, en cierto modo, del arte. Por vez primera la obra de arte es analizada desde el punto de vista del espectador. Era lógico. Los pensadores renacentistas empezaron discutiendo sobre la Idea de la Belleza y acabaron discutiendo sobre la Belleza misma, sobre la cosa bella. Nace así la crítica de arte. Sin embargo, el humanismo siente un gran respeto por el artista, y con frecuencia son amigos, cuando no el mismo artista es un humanista La influencia recíproca es altamente beneficiosa y uno de los rasgos que mejor definen el Renacimiento. El artista consulta al humanista sobre mitos o sobre el ideario clásico y el humanista comprueba visualmente en la obra del artista la validez de sus tesis.
    Por otra parte, el trabajo del artista ya no es meramente artesanal, como lo había sido durante la Edad Media. Su trabajo es, sobre todo, reflexión, estudio y experimentación en cualquiera de los campos de la expresión artística. Son intelectuales y hombres libres. El arte dejará, desde ese momento, de ser algo anónimo y el genio creador, individual, pasará a situarse en el primer plano de las manifestaciones artísticas.
Pero el Humanismo es también una nueva forma de concebir el mundo y la religión, que trastoca los fundamentos teocráticos de la sociedad bajomedieval y conducirá a la reforma y ruptura de la Iglesia Católica.
     La renovación intelectual que el movimiento humanista emprende de la mano de hombres como Erasmo de Roterdam, supone una reacción contra el espíritu teológico y autoritario medieval, el descubrimiento del hombre en su dimensión clásica. Este antropocentrismo crítico y de carácter laico, produce la manifestación de un individualismo libre, crítico y, a menudo, paganizante, que impulsará los estudios filosóficos y el redescubrimiento de la filosofía de Platón. Las viejas virtudes clásicas se convierten, de nuevo, en los valores de referencia para el individuo culto y crítico. El estudio de la literatura, la gramática, los monumentos y los objetos de la Antigüedad se desarrollan de forma extraordinaria y, con ellos, la figura del mecenas y el coleccionismo de obras antiguas.No se tratará, en cualquier caso, de una simple vuelta a la Antigüedad (cosa harto difícil, por otra parte), sino del redescubrimiento de sus valores fundamentales como guía y modelo para el hombre cristiano de la Edad Moderna.

FOCOS RENACENTISTAS ITALIANOS Y SECUENCIA EVOLUTIVA 

   
   El primer Renacimiento también, llamado Quatrocento, tiene lugar durante el s. XV, y se desarrolla en la ciudad toscana de Florencia, que se convierte en el catalizador del movimiento humanístico italiano. Filósofos y artistas se agrupan en torno a la corte de la familia Médicis, mecenas por excelencia de esta época dorada de la cultura europea. Arquitectos, pintores y escultores se empeñan en una profunda y fructífera renovación artística que será, sobre todo, una revolución; el diseño y la perspectiva, la recuperación del desnudo humano, la conquista de la representación naturalista de la realidad, son algunos de sus logros. La cúpula de la catedral de Santa María de las Flores, obra de Filipo Brunelleschi, es el buque insignia de este período. Escultores como Donatelo y pintores como Masacio, contribuyen a que las artes plásticas se despeguen definitivamente de los planteamientos medievales.
    Durante el siglo XVI (Cinquecento) el foco artístico se desplaza a Roma, la capital de los dominios papales. Es el llamado Alto Renacimiento. El papado se convierte en el gran mecenas de los artistas italianos y el arte, aunque no abandona sus raíces clasicistas, queda inmerso en un contexto y simbología puramente católica. El “Saco de Roma” (1527) por las tropas imperiales marca el epílogo de esta segunda fase del Renacimiento. Esta segunda fase supone la madurez en la consecución de los logros alcanzados durante el Quatrocento. Las obras de la nueva Basílica de San Pedro en Roma, capital del Estado Vaticano, se convierten en el gran polo de atracción para los artistas. Maestros como Leonardo da Vinci o Rafael alcanzan la gloria en estos años. Es durante esta etapa cuando las formas renacentistas salen de Italia y empiezan a “colonizar” otros países, como España o Francia. Nuestro país será un magnífico escenario para el desarrollo de unas formas que, durante bastante tiempo, convivirán con el último gótico peninsular, el llamado “Gótico Isabelino”.
   Alcanzada la plenitud clasicista que inauguró el Renacimiento, se inicia una época caracterizada por la diversidad, ya que se pierde el carácter unitario del primer Renacimiento. Los artistas pugnarán por mostrar su maestría individual, su genio singular. Querrán diferenciarse mostrándonos su propia “maniera” de hacer las cosas; de ahí que a esta época se la conozca como “El Manierismo”; expresión que hemos de utilizar sin ningún tipo de connotación negativa, como fue habitual hasta hace algún tiempo. Cronologicamente esta etapa se prolonga durante lo que queda del s. XVI. De entre todos los maestros que trabajaron en diferentes focos de la geografía italiana, sobresale la figura de un gigante, Miguel Ángel Buonaroti, arquitecto, escultor, pintor y poeta genial, que dejará su impronta personal en todo el siglo, y cuya influencia seguirá irradiando muchos siglos más.
    Frente a este desarrollo manierista del arte, la Iglesia Católica, muy poderosa en Italia como podemos suponer, reacciona ante estas formas estableciendo normas artísticas a partir del Concilio de Trento (1545-1563). Con ello se ponen al servicio de la Iglesia Católica las conquistas estéticas del Renacimiento. Pero será este esfuerzo por codificar las normas artísticas para adaptarlas a las nuevas necesidades propagandísticas de la Iglesia Católica, el que impulse un nuevo cambio en el Arte. La nueva sensibilidad religiosa que el Papado quiere fomentar casa mal con el antropocentrismo renacentista; a finales del s. XVI y principios del s. XVII asistiremos, por tanto, al inicio de un nuevo período en la Historia del Arte, el Barroco. Pero eso ya es otra historia.

    En conclusión, el Renacimiento será un estilo marcadamente mediterráneo, que tiene como crisol a Italia, aunque su influencia alcanza a toda Europa, determinando el carácter del arte occidental. Investidos de la categoría de genios sus artífices reivindican la autoría plena de su producción artística. Desaparece definitivamente la etapa medieval, en la que los artistas eran artesanos anónimos. A partir de este momento se afirma de forma irreversible, la libertad creativa y el carácter único e irrepetible de cada obra de arte.



Una PPT que resumen esta introducción:









EL DESCENDIMIENTO DE R. VAN DER WEYDEN

Un análisis de la obra "El descendimiento de la cruz" de Roger Van der Weyden.

1/15/2020

ANÁLISIS Y COMENTARIO DE UNA PINTURA GÓTICA



     Siguiendo con nuestro trabajo sobre las artes plásticas del arte gótico, os presento tres de las obras más representativas de la pintura de la Baja Edad Media. Las tres son una muestra de lo mejor de la escuela de los Primitivos italianos y de los Primitivos flamencos.

   Elegid una y realizad su comentario.

LOS PRIMITIVOS FLAMENCOS: EL MATRIMONIO ARNOLFINI.

 

 
El Matrimonio Arnolfini
Autor: Jan Van Eyck  Fecha: 1434 Museo: National Gallery de Londres Medidas: 81,9 x 59,9 cm.
Estilo: Escuela Flamenca Material y técnica: Oleo sobre tabla.


Comentario
    El Matrimonio Arnolfini es un cuadro lleno de enigmas así como de belleza. Tradicionalmente aparece en los catálogos como el matrimonio de uno de los miembros de la poderosa familia de comerciantes luqueses, los Arnolfini; la colonia de luqueses era muy importante en Flandes, como las de otros italianos. Los Arnolfini de esta época que pudieran haber contraído matrimonio eran dos hermanos: Giovanni y Michele. Se cree que el marido en este caso es Giovanni, casado con Giovanna Cenami. Sin embargo, el gesto del marido al tomar la mano de su esposa contradice la teoría: ese gesto implica superioridad social ante una mujer que de ser Giovanna, resultaría de clase superior en realidad a la de su esposo. Por esa razón, algunos investigadores creen que se trata de Michele, que desposó a una tal Elizabeth de familia desconocida, por lo que su gesto sería el de protegerla e introducirla en un nivel social superior al de su cuna. Otro enigma nos lo proporciona la inscripción de Van Eyck en el muro del fondo, en bellísimos caracteres góticos entrelazados. La inscripción no dice que Van Eyck pintara el cuadro, sino que "Jan van Eyck estuvo aquí". Es una extraña declaración, que se explica si pensamos que Van Eyck era amigo de los Arnolfini y que probablemente actuara de padrino o testigo de la boda. A esta solución apunta también el espejo del muro, que refleja a dos asistentes al enlace, uno de los cuales parece un pintor (el que está vestido de azul). La minuciosidad de Van Eyck permite identificar no sólo las figuras reflejadas, sino también los adornos del espejo: son diez escenas con la Pasión y muerte de Jesucristo. Otros elementos simbólicos que han llenado de conjeturas el cuadro aparecen en la estancia como simples objetos dispersos por la habitación: el perrillo a los pies de los esposos indica fidelidad conyugal, la lámpara con una sola vela encendida simboliza el matrimonio, como también la esculturita de Santa Margarita en el pomo de la cama, el manojo colgado de la misma cama simboliza la fertilidad, y así un largo etcétera. Casi todos los elementos que aparecen tienen algo que ver simbólicamente con la escena, pero Van Eyck los pinta como accesorios totalmente casuales esparcidos por la habitación. Respecto a la esposa, señalaremos la curiosa moda femenina que las damas llevaban: se rapaban la frente y se adornaban con una toca en forma de cuernos (tal y como veremos en el retrato de Margarita van Eyck). El vestido de moda provocaba una deformación en la anatomía de la mujer que hizo pensar que la desposada estaba embarazada. Sólo tenemos que comparar a esta muchacha vestida con la Eva del Políptico de Gante para comprobar que se trata de una deformación estética deliberada: mediante un corpiño muy ajustado se estrechaba el pecho de la mujer, elevándolo y creando un abombamiento de vientre y caderas. Casi todas las damas retratadas por Van Eyck visten de esta manera, como sus Vírgenes o su propia esposa.

FUENTE:  http://www.artehistoria.jcyl.es/v2/obras/21.htm

... y UN VIDEO DE YOUTUBE QUE ANALIZA Y COMENTA EL CUADRO:




LOS PIMITIVOS FLAMENCOS: EL DESCENDIMIENTO DE ROGER VAN DER WEYDEN.


1436. Museo del Prado. Madrid. Óleo sobre tabla. Medidas: 220 cm x 262 cm. 
Escuela flamenca. Temática religiosa.

Procedencia de la obra:
Capilla de los Ballesteros de Lovaina (Bélgica); adquirida por María de Hungría, para la capilla del Palacio de Binche; posteriormente enviado a España, a la capilla de El Pardo; Monasterio de El Escorial, 1574-1936; por Decreto de 2 de marzo de 1943 quedó establecido el depósito temporal, renovado mediante Acta de regularización de Depósitos con Patrimonio Nacional en 1998. Se exhibe en el Museo del Prado (Madrid).

El gran maestro de Tournai centra la composición en la Compassio Mariae, la pasión que experimenta la Virgen ante el sufrimiento y la muerte de su Hijo. Para traducirla en imágenes, el pintor escoge el momento en que José de Arimatea, Nicodemo y un ayudante sostienen en el aire el cuerpo de Jesús y María cae desmayada en el suelo sostenida por San Juan y una de las santas mujeres.

La riqueza de sus materiales -el azul del manto de María es uno de los lapislázulis más puros empleados en la pintura flamenca de la época- y sus grandes dimensiones, con las figuras casi a escala natural, evidencian ya lo excepcional de la obra. El espacio poco profundo, de madera dorada, en que Weyeden representa a sus figuras y las tracerías pintadas de los extremos superiores -imitando también la madera dorada-, al igual que el remate rectangular del centro, las hacen semejar esculturas policromadas. Además, el engaño óptico se refuerza aún más por el fuerte sentido plástico que Weyden imprime a sus figuras, siguiendo el ejemplo de su maestro Robert Campin, como hace en todas sus obras tempranas.

Weyden maneja con maestría las figuras representadas en un espacio limitado al fondo y en los extremos, donde los movimientos opuestos y complementarios de San Juan y la Magdalena cierran la composición. En el interior de ese espacio sobresale el juego de diagonales paralelas que diseñan los cuerpos de Cristo y de María, poniendo de manifiesto su doble pasión. Impactan los gestos, la contención con que se expresan los sentimientos y el juego de curvas y contra curvas que une a los personajes.

Es encargada por la Cofradía de los Ballesteros de Lovaina hoy en Bélgica para su capilla en la Iglesia de Nuestra Señora de Extramuros. En las esquinas superiores están representadas pequeñas ballestas. Adquirida por María de Hungría en el siglo XVI, pasa después a manos de su sobrino Felipe II. Éste la coloca en la capilla del Palacio de El Pardo hasta su entrega a El Escorial en 1574. Desde ese año estuvo allí hasta 1936 en que se trae al Museo Nacional del Prado, enviándose como contrapartida la copia de Michel Coxie.
Fuente:  http://www.museodelprado.es/visita-el-museo/15-obras-maestras/ficha-obra/obra/el-descendimiento/


Otra aproximación de ARTECREHA:
      La aportación de los Primitivos flamencos a la Historia de la pintura ocupa un lugar de preferencia. En primer lugar por la difusión que hacen de la técnica de la pintura al óleo, una técnica ya conocida, pero que ellos prodigarán con una insuperable maestría. Su aplicación sobre las tablas en madera conseguirá unos efectos de luminosidad y brillo en sus cuadros, y una minuciosidad en la captación de los detalles más pequeños que confiere a su pintura una calidad excepcional. Con ello además la pintura se adentra en un marco de captación de la realidad que lo aleja del simbolismo medieval, algo que para muchos autores prueba su modernidad y lo aproxima a los renacimientos del S. XV.

    Entre la nómina importante de autores que se integran en esta tendencia, todos ellos de una calidad y relevancia enorme, habría que contar entre otros con Humberto y Jan Van Eyck, Robert Campin, y desde luego con el discípulo de este último: Roger Van der Weyden. De todos los nombrados Van der Weyden es el más rotundo en el tratamiento de las formas y en la captación del volumen, el más expresionista y dramático en el trabajo de sus iconografías, y el más brillante en el uso del color. No destaca por el detallismo de Van Eyck, ni abusa del simbolismo, utilizado por otros autores. Por el contrario su exaltación de los sentimientos humanos y su plasmación de dolor, la emoción o la tristeza, lo convierten en un artista muy próximo al espectador. A lo que habría que añadir una técnica impecable, por lo que no ha de extrañar la fama que disfrutó en vida. La suya es una pintura predominantemente de tema religioso, aunque son igualmente magníficos sus retratos.

EL PORQUÉ DE SU BELLEZA 
Entre sus obras principales destaca por encima de todas su famoso Descendimiento del Museo del Prado, una de las más bellas realmente que se pueden contemplar. Su iconografía está clara: la del episodio evángelico más humano y más dramático también, el del descenso de Cristo de la cruz, ante su madre y sus más próximos. Allí aparecen José de Arimatea al lado de la cruz; San Juan ,junto a una de las Tres Marías en uno de los lados extremos; Nicodemo y otra de las Tres Marías al otro lado, y en el centro los dos protagonistas, Jesús y la Virgen, en una posición paralela que los une estéticamente en un mismo símbolo del dolor, el de la muerte del hijo ante su madre.
Pero si nos quedamos embelesados ante esta obra es en nuestra opinión por tres motivos principales:
En primer lugar por la pulcritud técnica con la que se ha resuelto. La técnica al óleo cumple aquí su papel de tratar la escena con una definición y brillo especiales, que la acercan particularmente al espectador. El trazo es firme y de perfiles precisos, lo que remarca su volumen y potencia el realismo de las figuras que parecieran a punto de traspasar el marco del lienzo. La luz es brillante y además de recrear una atmósfera diáfana, reproduce una escena de una extraordinaria nitidez. Y todo ello, sin olvidar los detalles exquisitos desperdigados por la tabla, como las lágrimas que recorren el rostro nacarado de la Virgen o de las Marías, tal si de perlas se tratara.
En segundo lugar su fuerte expresionismo. Es cierto que la tradición flamenca es rica en un arte lleno de fuerza expresiva y dramatización, pero la escena que plantea Van der Weyden se interpreta como un drama teatralizado en el que los rostros, los gestos, las distintas actitudes de los personajes, incluso la dureza que despliegan los dobleces de los paños prodigan una exaltación de los sentimientos y las emociones, con las que su autor manifiesta su preferencia por la exageración dramática en detrimento de un mayor realismo.
Por último el color. El color de Van der Weyden en esta pieza es insuperable e irrepetible. Sus colores son únicos, inimitables, y muestran además una fuerza cromática, una potencia visual y una armonía de una elegancia y una vistosidad extraordinarias. Imposible apartar la vista del azul de la Virgen, de los blancos inmaculados de las togas y turbantes, de los rojos brillantes, de los violáceos, del verde imposible de María sosteniendo a la Virgen….
Probablemente y por todo lo dicho, una de las obras más bellas y extraordinarias de toda esta sección.

FUENTE:  http://www.artecreha.com/Historia_de_la_Belleza/qdescendimientoq-de-van-der-weyden.html

1/13/2020

LOS PRIMITIVOS FLAMENCOS: UNA APROXIMACIÓN


             Políptico de San Bavón de Gante. Hubert y Jan Van Eyck. 1432. Óleo sobre tabla.

LA CONQUISTA DE LA REALIDAD:
LOS PRIMITIVOS FLAMENCOS (S. XV)

   A pesar de los avances que la pintura italiana del Trecento aporta en la evolución de la pintura, el trabajo de los pintores flamencos del s. XV supondrá el definitivo avance hacia los valores que representa el Renacimiento. Las novedades técnicas y los valores formales que estos autores introducen supondrán una auténtica revolución.

EL CONTEXTO HISTÓRICO
   La prosperidad económica de la región de Flandes (de sus ciudades en realidad: Brujas, Gante, Yprés, atc.) está ligada a la industria y al comercio de paños y, por tanto, generó un extraordinario desarrollo urbano, con el consiguiente auge de la burguesía. Este auge de la sociedad y de los valores burgueses son un factor importante en el desarrollo de una nueva mentalidad y sensibilidad artística, que no renuncia, por lo demás, a la devoción religiosa. La cohesión interna de esta sociedad es muy fuerte, y se proyecta en una vida pacífica y ordenada.       
     Esta sociedad está dominada por los estamentos civiles: mercaderes, fabricantes, banqueros, etc. El arte estará, pues, al servicio de este público burgués enriquecido y sensible, que vendrá a sumarse a la Iglesia como cliente y mecenas de artistas. Esta clientela estaba deseosa de ver reflejado su mundo y su propio rostro en las pinturas que encargaba. El desarrollo urbano ha hecho posible la creación de las universidades que, junto con la invención de la imprenta, se convierten en un gran foco difusor y creador de cultura.
   En esta sociedad burguesa lo práctico se valora cada vez más, incluso la religión adquiere un sentido pragmático. Por eso estamos en un período realista. A partir de 1420, la idea de que el espíritu divino se encarna en cada una de las pequeñas cosas (Tomás Kempis: Imitación de Cristo), hace que la representación de éstas adquiera una gran importancia, por lo que la realidad sensible y tangible adquiere un gran valor. Los objetos dejan de ser elementos secundarios para convertirse en protagonistas.
   La temática ya no es exclusivamente religiosa; el retrato, los cuadros de grupo, el ambiente costumbrista, coexisten con ella.

APROXIMACIÓN AL ESTILO
    Las pinturas del gótico se acercaban a la vida real por su acumulación de detalles y anécdotas, pero no eran convincentes desde el punto de vista espacial porque les faltaba volumen y, desde luego, no reflejaban la realidad óptica. No lo perseguían, es cierto, pero sí lo buscaban, en cambio, otros artistas contemporáneos suyos, y en esta lucha por conseguir  formas verosímiles es donde destacan los pintores flamencos del siglo XV.
      El deseo de la nueva clientela burguesa de ver representado el mundo en que ellos vivían en las obras que encargaban, obligó a los artistas a responder a esta demanda, creando un lenguaje artístico capaz de representar la realidad con tanta fidelidad como si sus cuadros fueran auténticos espejos. Pero este lenguaje fue distinto al de los artistas italianos del Renacimiento italiano de la misma época, ya que éstos intentaron representar la realidad de una manera científica, gracias a un sistema de perspectiva de base geométrica, y no de una manera empírica.
   Cuando observamos las obras de Jan Van Eyck, descubrimos que sus figuras tienen volumen, gracias al juego de luces y sombras utilizado por él; y que, con una paciencia infinita, ha pintado cada detalle de la naturaleza con una minuciosidad mayor que la que tenían las miniaturas de la época. Tanta meticulosidad fue posible porque Van Eyck había perfeccionado la técnica del óleo (que utiliza el aceite como aglutinante de los pigmentos) hasta conseguir un tipo de pintura capaz de sustituir a la pintura del temple (con aglutinante a base de huevo), que era lo que hasta ese momento se utilizaba de manera casi exclusiva. El óleo, tal y como él lo usó, presentaba tres ventajas: no secaba tan rápido y permitía trabajar con más lentitud, el color se podía aplicar sobre otras capas de color y permitía lograr efectos sorprendentes dejando transparentar las capas de color que había debajo (veladuras). Los efectos que permitía asombraron a sus contemporáneos, que adoptaron esta técnica con rapidez.
   El óleo influye en la mayor vivacidad y enriquecimiento de la gama cromática, pues los colores adquieren mayor brillantez; mediante la superposición de dos o más colores (veladura) se obtiene por transparencia una mayor variabilidad de los tonos y la consecución de colores compuestos.  Esta técnica permite tratar los temas con extraordinaria minuciosidad, atendiendo al detalle hasta extremos inverosímiles.
   En las obras flamencas se evidencia el interés por todo, pues con la misma precisión y cuidado se pinta un rasgo humano que el correspondiente a un animal, planta u objeto. El paisaje adquiere una gran importancia en esta época.
   De esta manera, el pintor flamenco refleja fielmente el ambiente que le rodea, pero dota a este realismo de un cierto carácter simbólico, a lo que contribuye la significación alegórica de los colores utilizados y de los diversos objetos secundarios representados.
   Los fondos dorados y neutros del gótico desaparecen, sustituidos por paisajes naturalistas, con cada elemento reflejado con fidelidad y detalladamente.
   La luz ya no es caprichosa. Cada objeto tiene ahora su propia y definida sombra; cada habitación su encuadre lumínico; cada paisaje, su tonalidad segura; cada elemento, su calidad exacta.
   Son obras de pequeño formato, utilizando la tabla como soporte, ya que eran concebidas para ser colocadas en el interior de las residencias burguesas y aristocráticas. Estos interiores domésticos facilitan que la obra refleje una piedad intimista y burguesa. Con frecuencia estas tablas constan de 3 hojas o tablas (Tríptico), las dos laterales con bisagras que se cierran sobre la central. La cara exterior se pinta con tonos grises (grisallas) que imitan los efectos escultóricos.
   En síntesis, se trata de un estilo detallista y minucioso; naturalista y apegado a la realidad, aunque sin renunciar a la expresión simbólica y religiosa. El paisaje se convierte en un elemento clave de la composición, así como los objetos de la vida cotidiana. No obstante, a pesar de que el manejo de la luz y del color anticipan los valores de la pintura renacentista, el estatismo de sus formas, la escasa relación entre las figuras, casi siempre frontales, el detallismo y el predominio de las partes sobre el conjunto, lo sitúan en la última etapa de la pintura gótica.

PRINCIPALES MAESTROS
    El primero de los pintores en llevar a efecto plástico estas innovaciones es ROBERTO CAMPIN (Maestro de Flemalle), que junto con los HERMANOS HUBERT Y JAN VAN EYCK, pueden considerarse los fundadores de la escuela en el primer tercio del siglo XV.
   Renunciando al fondo dorado, y empleando la técnica y el óleo como material pictórico, crean la MODALIDAD DE PINTURA DE CABALLETE EN SU CONCEPTO MODERNO, concebida para ser vista de cerca. Su factura es minuciosa y detallista, carácter al que contribuye el intenso desarrollo adquirido por la miniatura de códices en la corte de los duques de Borgoña, a quienes pertenecen estos estados en el siglo XV.
   Al servicio de esta técnica minuciosa ponen un fino SENTIDO DE LA OBSERVACIÓN y una innata TENDENCIA NATURALISTA, por lo que alcanzan una perfección difícilmente superable en la interpretación de las calidades de las telas, piezas de orfebrería, metales, vidrios, pieles, etc. y en GÉNEROS COMO EL RETRATO Y EL PAISAJE.
   De entre los pintores que trabajan n el segundo tercio del siglo XV y contribuyen a concretar los rasgos de la Escuela Flamenca, destaca ROGER VAN DER WEYDEN. A finales de siglo y principios del XVI destacan pintores que evolucionan acentuando algún rasgo característico (el paisaje, por ejemplo); en cierto modo, repiten formas y composiciones ya creadas, como GERARD DAVID, HANS MEMLING, aunque otros se evaden de ellas con un explícito deseo de originalidad, como EL BOSCO. Durante el siglo XVI, y ya en pleno Renacimiento, se mantiene la tradición, destacando: PATINIR Y BRUEGHEL.


Como obras fundamentales destacaremos:

  • Virgen del canciller Rollin (J.V.Eyck)
  • El retrato del matrimonio Arnolfini. (J.V. Eyck)
  • El polítptico de San Bavón de Gante. (Hermanos V. Eyck)
  • El descendimiento (R.V. der Weyden)

1/10/2020

LOS PRIMITIVOS ITALIANOS: UNA APROXIMACIÓN.



                          Capilla Escrovegni de Padua. Giotto, 1303-1306. Pintura mural

EL ARTE GÓTICO
LAS ARTES PLÁSTICAS
LA TRANSICIÓN AL RENACIMIENTO

       Ya hemos visto cómo la plástica de la Baja Edad Media, sobre todo a partir del s. XIII, presenta algunas novedades que la distancian claramente de la pintura románica. Los artistas representaron muchos más temas que sus predecesores, utilizaron un mayor número de soportes y, a veces, encontraron en la actitud más abierta de sus clientes una mayor libertad para desempeñar su trabajo. Esta mayor libertad se tradujo, en algunos casos y lugares, en una creciente humanización de las figuras, un mayor naturalismo y la oportunidad de contar historias, acentuando el sentido narrativo de la creación artística.

LOS PRIMITIVOS ITALIANOS
LA ESCUELA FLORENTINA
   Pero en Italia, y por las mismas fechas en que el gótico lineal alcanzaba su cenit (un estilo de pintura cuyo origen se encuentra relacionado con la vidriera y la miniatura, y en el que, como en ellas, predominan las líneas que marcan muy bien los contornos de unas figuras y objetos que apenas tienen volumen: una sensación a la que contribuyen de manera decisiva sus colores planos, aunque ricos y brillantes, y la falta de profundidad espacial)  la pintura estaba evolucionando en una dirección distinta, de la que el RETABLO DE SAN FRANCISCO (h. 1235) de BONAVENTURA BERLINGHIERI constituye un buen ejemplo En él, la figura del santo aparece rodeada por varias escenas de su vida, pintadas con un claro sentido narrativo. San Francisco se recorta sobre un fondo liso dorado que anula cualquier tipo de sensación espacial y presta a la figura un carácter transcendente. Esto no es algo nuevo, pero sí lo es la nueva forma que tiene el pintor de mirar al mundo que le rodea. Para San Francisco, todos los seres de la creación, incluso los más humildes, son dignos de consideración porque en todos ellos se manifiesta Dios, y su actitud hizo que, rápidamente, la naturaleza se empezara a ver de otra manera. Las consecuencias de esta nueva manera de concebir el mundo tuvieron gran importancia en el terreno de las artes, pues los artistas encontraron en ella la disculpa para volver sus ojos hacia el mundo circundante e interesarse de nuevo por su representación exacta y fiel. Y esto es algo que se ve particularmente bien en la escena que representa a San Francisco predicando a los pájaros, que les escuchan atentamente.
   La aparición de San Francisco, un santo muy cercano a la gente y que, por ello, se convertiría en tema frecuente para los artistas, y las historias relacionadas con él, son una de las grandes novedades iconográficas de la pintura italiana, que encontrará su culminación en el siglo siguiente en el conjunto de frescos que decoran la basílica de Asís La otra gran novedad iconográfica la encontramos en las representaciones de Cristo crucificado, que deja de ser la imagen de un hombre vivo, vestido y que no experimenta ninguna sensación de dolor, a la imagen mucho más humana de un Cristo sufriente, prácticamente desnudo, que arquea su cuerpo y cierra los ojos aceptando su muerte. Las Cruzadas, que permitieron a los cristianos ver con sus propios ojos el escenario real de la Pasión de Cristo, fueron uno de los elementos que propiciaron este cambio de actitud a la hora de concebir la figura de Cristo.
   Uno de los mejores ejemplos de esta nueva sensibilidad lo encontramos en EL CRUCIFICADO de Cimabue (activo entre 1272 y 1302), cuyo cuerpo que se despega de la cruz, parece tener ya un auténtico volumen gracias al cuidado con el que lo ha modelado el pintor mediante una cuidadosa representación del juego de luces y sombras. Partiendo de la tradición bizantina, Cimabue inauguró un camino hacia la conquista de las tres dimensiones o, lo que es lo mismo, de la realidad, que su discípulo, Giotto, llevó hasta el límite.

EL TRECENTO ITALIANO: GIOTTO.
   Giotto (1266-1337) fue un artista florentino que, como dijeron en su momento, “tradujo el arte de pintar del griego ( a la manera bizantina) al latín (a la manera clásica), convirtiéndolo a lo moderno” dando a entender con ello que con él se iniciaba la renovación de la pintura, y el abandono de los convencionalismos de la pintura gótica. S religiosidad franciscana le hace sentir un enorme interés por el ser humano y el mundo natural que lo rodea; esto se traducirá en una clara humanización de sus figuras y un claro naturalismo en la representación de sus composiciones.
 Sin embargo, su obra parte de las experiencias del siglo XIII. Giotto colaboró con Cimabue, de quien fue discípulo, en los frescos de la iglesia superior de Asís. Un poco más tarde le encargaron a él decorar al fresco la basílica inferior con veintiocho escenas de la vida de San Francisco, inspiradas en la Historia franciscana de San Buenaventura.
   En estos frescos hallamos escenas, como la Aprobación de la regla, que se desarrollan en un interior concebido  ya como una caja espacial, y éste es un hecho de gran trascendencia en la pintura, pues por primera vez desde la antigüedad se presenta un tipo de perspectiva dentro de un espacio que resulta verosímil: las cortinas, las ménsulas y las arquerías de la zona superior han sido pintadas de acuerdo con una nueva perspectiva que crea la ilusión de la tercera dimensión, la profundidad.
   Partiendo de la maniera greca, Giotto dio un gran paso en la conquista de la realidad; y, aunque este espacio aun tiene mucho de escenográfico, porque para Giotto el ambiente es un elemento integrador de la acción y no un motivo en sí mismo, anuncia ya la perfección matemática de la perspectiva renacentista.
   Giotto destacó también por su gran dominio del dibujo, por la valoración de la luz, por la forma de matizar los colores y por el aspecto rotundo y monumental de sus figuras, que influyeron en algunos artistas del Renacimiento. Unas figuras que son capaces de transmitir una gran expresividad, que encuentra uno de sus ejemplos culminantes en “El llanto sobre el cuerpo de Cristo muerto”, una de las 38 escenas evangélicas que pintó en la capilla Scrovegni de Padua. El tremendo dramatismo que emana de este fresco se debe tanto a los gestos de dolor de sus protagonistas como a la propia composición en sí, que refleja la influencia de los relieves de los sarcófagos antiguos.

   En síntesis, el estilo de Giotto presenta las siguientes características:
·     Utiliza la técnica del fresco para decorar los muros de las iglesias que le encargan (Florencia, Roma, Asís, etc.)
·     Su pintura prescinde de los elementos meramente descriptivos o narrativos y se preocupa de lo esencial en cada escena. Por ello el trazo de su dibujo es robusto y el volumen de sus figuras de gran solidez y monumentalidad.
·     Sus composiciones son claras y están bien estructuradas.
·     En muchas escenas se aprecia una gran carga dramática y expresiva. Esto lo consigue a través de algunos recursos formales: ojos chinescos, rasgados, de mirada penetrante, concentrada y profunda; de la perfecta interrelación psicológica entre los personajes, conseguida a través de las  miradas, y de sus labios entreabiertos de rictus patético.
·     Su pintura es puro modelado, cuyos gruesos volúmenes con su correspondiente sensación de masa, le otorgan a la obra una gran fuerza expresiva. Esta concepción volumétrica es consecuencia de la utilización precisa que hace de la luz, que modela las figuras, convirtiendo en un elemento compositivo esencial. Todo lo cual permite definir a su pintura como solemne y monumental.
·     A pesar de los resabios medievales que aún se hallan en su obra, su pintura presenta un naturalismo lleno de expresividad y vigor, en la que el ser humano adquiere ya un carácter protagonista.
·     Utiliza sistemáticamente  los recursos necesarios para crear la sensación de profundidad espacial sobre un espacio plano, gracias a la introducción del sombreado y de marcos reales, ya sean paisajes rurales sobrios y monumentales) o urbanos muy esquemáticos.
·     En definitiva, frente a su pintura nos parece estar ante un hecho real como si éste sucediese en un escenario. Hay aire y espacio entre las figuras, que se mueven con holgura, rompiendo la frontalidad medieval.

OBRA
·     Serie de pinturas al fresco de la Iglesia de la Arena de Padua (1303).
·     Decoración de la capilla Bardi, en la Iglesia de Santa Croce de Florencia.
·     Frescos de la Basílica de Asís.
·     Frescos de la capilla de los Scrovegni de Padua.
·     Pintura de tabla: “Virgen con niño”. Magnificiencia clásica en las figuras. Fondos planos y dorados a la manera gótica.

   Aunque era pintor, a diferencia del resto de sus colegas contemporáneos, Giotto fue mucho más que un artesano, fue un burgués acomodado, amigo de Dante, que habla de él en la Divina Comedia como uno de los mayores artistas de todas las épocas. El hecho de que un pintor fuera amigo del mayor poeta de su tiempo u que le protegieran los mismos mecenas que a aquél. Es una prueba inmejorable de que, en Italia, se estaban empezando a acortar las distancias que separaban a los artistas manuales de los intelectuales. Podemos decir que a partir de él se rompe con el carácter anónimo del artista; a partir de ahora la Historia del Arte será la Historia de los grandes artistas.
   La trascendencia de Giotto es fundamental para entender la evolución del arte a partir del Renacimiento, por cuanto introduce tres grandes novedades que lo convierten en un revolucionario:
·     El problema de la representación espacial, que dará origen a los estudios de la perspectiva.
·     La representación de las figuras humanas conforme a estudios anatómicos, tanto en su realidad estática (volumétrica), como en la expresión dinámica de sus actitudes.
·     Los estudios del color en relación con la luz, creando el tono cromático, fundamental para la evolución de la pintura.
        

LA ESCUELA DE SIENA
   Los pintores sieneses presentan un estilo de gran lirismo, apegado a las normas bizantinas tradicionales, e influido por la pintura gótica francesa (gótico internacional), lo que contribuye a que sus formas sean más blandas y flexibles. Es un arte delicado, de gran elegancia. Sería una síntesis del arte bizantino y el nuevo lenguaje creado por Giotto.
Rasgos:
·     Belleza de líneas.
·     Proliferación de figuras.
·     Diversidad temática.
·     Carácter decorativo del color.

AUTORES DESTACADOS: Duccio de Buonisegna (docuentado entre 1278 y 1318), Simone Martini ( 1284-1344), Ambrogio Lorenzetti (1285-1348).

ESQUEMAS VISUALES SOBRE LA PINTURA GÓTICA




Una vez examinadas las características generales de la pintura gótica y las principales novedades que presenta respecto a la pintura románica, ha llegado el momento de "verlas" en una o varias obras concretas; por todo ello, no dejes de hacer los comentarios que se propongan para este tema.

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